Presupuesto de Reformas

COLA DE CARPINTERO

Cola de carpintero en reformas

La cola de carpintero que vendida en pastillas, se ponía en remojo y posteriormente se calentaba a fuego lento y al baño María, fue utilizada hasta hace unos veinticinco años por todos los maestros carpinteros y ebanistas. Y lo que costó que admitieran renunciar a ella, en beneficio de los otros tipos de adhesivos... Ciertamente la cola de pieles daba unos resultados excelentes tanto para ensamblados como para chapeados. Chapeados a martillo en los que se obtenía la adhesión de la chapa sobre su soporte a base de hacer sudar e ir eliminando la cola que rezumaba a través de los poros de la chapa.

La cola de carpintero tradicional. Será especialmente indicada para llevar a cabo restauraciones o reformas de carpintería como de muebles antiguos que la habían empleado en su elaboración, especial mente en los chapados (mucho más que en los ensambles y empalmes, en que será preferible para el aficionado recurrir a la cola epóxida de los componentes, previa eliminación de los restos de antigua cola).
La cola gelatinosa tiene el inconveniente de que hay que usarla en caliente, cosa que requiere mantenerla siempre en un hornillo a temperatura moderada, pues si se calienta demasiado pierde sus virtudes (ya que la gelatina se tuesta) e igualmente ocurre cuando está demasiado fría.

"Descubre la cola de carpintero y la de pared"

El adhesivo a base de metilcelulosa (o de carboxilmetilcelulosa), que se ha divulgado en ciertos medios como la cola para papel de pared, es otro de los productos que, pese a sus relativas aplicaciones, nos proporciona una gran diversificación de uso: para encolar el papel de pared sobre soportes escayolados, para unir papel con papel, para proporcionar una mayor viscosidad a una pintura al agua, etc.

Su aplicación en la pared es preferible realizarla con rodillo, gracias al cual se logra una mayor regularización que con la brocha. Los rodillos de espuma son los más idóneos. En las colas de metilcelulosa es muy importante seguir las normas del fabricante elaborador. Como sea que existen diversos grados de viscosidad en las metilcelulosas, cada uno de estos grados está convenientemente adaptado a una dosificación de agua.